"ENTrE costureras", de AdriAcosta-Bañales
Lo que más caracterizaba al taller de maquila era el ruido de las máquinas de coser, de las planchas industriales de vapor, las orleadoras, las cortadoras de tela. No había espacio para el silencio, ni siquiera a la hora del almuerzo en el improvisado comedor. El cúmulo de voces rebotaba sin cesar entre las filas interminables de máquinas, una frente a la otra, separadas por estrechos pasillos inundados de borras, trozos de telas, hilos y sudores agrios. Los viejos extractores de aire colgaban de las oscuras paredes en esa enorme galera ubicada en el sótano del decadente edificio y, junto a los enmohecidos aparatos de aire acondicionado, más que desempeñar sus funciones, lo único que hacían era intensificar el ruido. Los lúgubres sanitarios no se escapaban a las incesantes vibraciones sonoras, rechinidos de puertas, llaves goteando, extractores de olores rugiendo, lámparas titilantes. Cada día, invariablemente, las costureras iniciaban su jornada con una mirada tranquila y la term...






