Dos relatos eróticos de Diana Hernández
Mi objeto de placer A primera vista todos me parecían iguales, pero me fijé en ti porque destacabas sobre los demás. Traté de no ilusionarme, había tenido muchos parecidos y después de un rato me aburrieron. Decidí darte una oportunidad, te sentí ligero y suave. Me miré al espejo y no pude evitar sonreír. Ya no me resistí y te llevé conmigo. Una vez en casa tuve que probarte de nuevo. Tu fricción con mi boca es tan agradable, tan íntima. Incluso siento un placer egoísta al pensar que mis amigas desearán tenerte. Te has convertido en mi favorito, quiero que seas el único que me bese la boca, que me provoques una sonrisa, en más de una ocasión he estado tentada de morderte, pero me contengo pues no deseo dañarte. Después de bañarme, con el cabello goteando y la piel tersa, anhelo sentirte. Mis labios resecos extrañan la fiesta que inicia con tu presencia. Entonces te tomo, te descubro. Me muerdo los labios saboreando tu cercanía. Al acercarte a mí, percibo tu delicioso aroma, me tom...
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