"El viento del acantilado", Taryna Esther Valverde Flores
El viento del acantilado traía olor a salitre y madera podrida. Julia no lo notó al llegar. Solo le interesaba terminar su novela lejos del ruido de la ciudad. La casa gris estaba construida al borde del océano Pacífico. Era antigua, fría y demasiado grande para una sola persona. En la sala había un espejo de marco de bronce, decorado con peces y algas. El propietario aseguró que pertenecía a la casa desde hacía décadas. Durante las primeras semanas, Julia escribió de madrugada, acompañada únicamente por el sonido de las olas. Sin embargo, el cansancio comenzó a alterar sus sentidos. Una noche pasó frente al espejo mientras se acomodaba el cabello. Continuó caminando, pero algo la hizo detenerse. Su reflejo se había movido un instante después. Julia regresó y levantó la mano. La mujer del cristal repitió el gesto con un leve retraso. —Estoy agotada —se dijo. La siguiente noche, el retraso fue mayor. A las tres de la mañana, Julia pasó frente al espejo y vio que su reflejo todavía estab...







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