"Desgarradura", Alba Celeste López Huerta
Toda vida comenzaba con el corte del cordón umbilical y el desgarramiento del saco gestal. No obstante, a mí me había tocado reaprenderlo muchas veces. Había innumerables casos de organismos que aún no habían podido eclosionar; algunos llegaban a permanecer así durante toda la eternidad. Después de que había logrado salir, a los catorce años, del saco amniótico, aquellos seres que permanecían toda su vida guardados en su esfera roja me producían repulsión. Desgarré con mis propias manos la pared roja que me mantenía suspendida en su líquido nutricio. Era como habitar un agua infinita donde no existían las palabras, solamente la sensación de un cuerpo alimentado por otro cuerpo. Yo era una masa amorfa, sin rostro, que se movía sin voluntad propia, temerosa y dependiente. Pero un día aquella agua comenzó a ahogarme. Desperté impulsada por una fuerza que venía de quién sabe dónde. Abrí los ojos y contemplé el espacio en el que permanecía: el saco gestal. Lo rasgué con mis propias manos y ...






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