"La sombra de su llanto", Úrsula Rodríguez
Todas las noches la escuchaba llorar. Siempre gritaba lo mismo: que él estaba ahí, en algún rincón de su habitación, escondido en la oscuridad. Como tantas veces, me sentía cansada; no quería lidiar con su enfermedad. «Enferma» era lo más sensato que le podía diagnosticar. Las horas en mi trabajo habían sido largas y llegar a casa me pareció una eternidad. Pasé por comida rápida y un vino tinto que relajara mi ansiedad, que me diera la tolerancia para cuidarla un día más. Desde pequeñas fuimos muy unidas, mi hermana y yo. Solíamos disfrutar de la vida. Ella siempre fue diferente: del tipo lectora e investigadora de eventos paranormales. Nunca me metí con eso; ella era feliz y yo, pues mi abogacía no me daba para inmiscuirme en cosas que, para mí, no tenían sentido. Salíamos a bailar, a comer o solo a caminar. Eso nos bastaba para ser las mejores amigas. Un día, de pronto, llegó a mi hogar. Me pidió asilo, pues en su casa ya no quería estar. No indagué mucho al respecto; vivía sola y...


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