"Pastel de chocolate", Haydeé Juárez Reyes
No entiendo por qué estoy junto al refrigerador, con la vista hacia los vitrales de la puerta de entrada. Hay una oscuridad, no es una oscuridad profunda porque la luna y el faro del alumbrado público me avisan que es de madrugada y que mi perspectiva es desde abajo, desde el suelo. El silencio fue interrumpido por el sonido de las llantas que venían por la Diego Rivera, apenas a dos cuadras de distancia. El sonido me es familiar, no solo por la distancia que falta para que el vehículo esté aquí afuera, únicamente separándonos una pared, sino porque conozco esos crujidos, el reflejo de las luces y el chillido de la banda del motor. ¿Por qué está aquí? Es miércoles ¿o es jueves?... Da igual, él no debería llegar hoy y mucho menos a esta hora. ¿Será que la culpa fue el elemento movilizador para su regreso? Pienso que son entre las 3 y las 4 a.m., tiempo suficiente para hacer el viaje de regreso tras colgar de la llamada donde ninguno decía mucho, lo bastante para dejar asomar l...






