"FANTASMAS", Shairan Belegui
Los primeros fueron mis amigos.
Volvieron una madrugada de noviembre, aunque ninguno de ellos sabía que estaba muerto.
Yo sí.
Los escuché subir la escalera como antes: uno detrás del otro, empujándose, riéndose bajito para no despertar a los vecinos. Después fueron directo a la sala. Cambiaron el disco que yo había dejado puesto, prendieron un porro y llenaron de hielo los vasos.
No los vi.
Nunca los vi.
Pero reconocí sus pasos, la manera en que uno arrastraba el pie izquierdo y el golpecito de las uñas del otro contra el vaso cuando esperaba que le sirvieran.
Me quedé en la cama hasta que escuché mi nombre.
Entonces bajé.
Estaban donde siempre.
O donde siempre habían estado.
Desde aquella noche comenzaron a venir de vez en cuando. Siempre después de medianoche. Nunca hablaban de su muerte. Nunca preguntaban por el tiempo que había pasado. Llegaban, ponían música, bebían ron y se iban antes del amanecer.
Yo tampoco preguntaba.
Una noche dejé sobre la mesa el vaso de uno de ellos.
A la mañana siguiente estaba vacío.
Después probé con un cigarro.
Desapareció.
Con una fotografía no funcionó.
La encontré exactamente donde la había dejado, pero uno de mis amigos ya no estaba en ella.
Me quedé mirándola un rato.
No recordaba que hubiera sido una fotografía de cuatro.
No volví a hacer pruebas.
Empecé a notar otras cosas.
El tercer escalón crujía algunas noches, aunque nadie subiera.
El sillón conservaba durante horas una hendidura que no había hecho yo.
Los discos aparecían fuera de su sitio.
A veces encontraba la puerta de la sala abierta cuando estaba segura de haberla cerrado.
Una mañana descubrí barro en el tercer escalón.
No había llovido.
Otra noche tropecé al subir.
Mi pie izquierdo tardó un segundo más que el derecho en obedecerme.
Desde entonces, algunas noches, desde mi cama, escuchaba una respiración detrás de la puerta.
Me levantaba.
Me recargaba del otro lado.
La respiración se detenía.
Entonces escuchaba:
—No voy a abrir.
Era mi voz.
Después dejé de dormir.
Los amigos siguieron viniendo.
Una madrugada uno de ellos se sentó a mi lado, en la cama.
No dijo nada.
Me sirvió ron.
El vaso estaba frío.
Demasiado frío.
Lo bebí de un trago.
Entonces escuché pasos en la escalera.
No eran los suyos.
No eran los del otro.
Eran los míos.
Los reconocí enseguida.
Subían despacio.
Arrastraban el pie izquierdo.
Se detuvieron frente a mi puerta.
Alguien se recargó del otro lado.
Me quedé inmóvil.
Del otro lado escuché mi respiración.
Después, mi propia voz dijo:
—No voy a abrir.
Yo tampoco abrí.
Nos quedamos así hasta que amaneció.
Desde entonces, todas las noches bajo a beber con mis muertos.
Arriba, alguien sigue esperando.
Esta mañana encontré una fotografía sobre mi almohada.
Yo estaba en ella.
No recuerdo haber estado ahí.
Shairan Aida Reyes Jiménez, también conocida como Shairan Belegui (D.F., 1990) es historiadora, docente y escritora. Su obra transita entre la poesía y la prosa poética, con una escritura urbana, corporal y narrativa. Su mirada explora la memoria, la vulnerabilidad, el deseo y las vidas que suelen quedar al margen. Ha publicado en distintos espacios, revistas y blogs literarios de México y otros países.



Comentarios
Publicar un comentario